JACKIE ROBINSON. NO TODO FUERON ESPINAS

A pesar de todos los incidentes desagradables por los cuales pasó Mr. Jackie Robinson, también experimento momentos gratos. Tanto los Piratas como los Bravos y los Gigantes tuvieron un trato cordial con los peloteros sepia. Uno de los peloteros que se portó como todo un caballero con Jackie lo fue Hank Greenberg. Este tuvo palabras de aliento muy especiales para el muchacho de color.

“Quiero felicitarlo y desearle un éxito continuo, comprendo su problema, no se preocupe, los únicos jugadores que le son adversos son los que todavía requieren que se le adoctrine en las cosas de la vida, los hombres que valen en el deporte le desean sinceramente buena suerte”. Esas palabras contribuyeron un generoso estímulo para Robinson.

Durante su primera temporada logró batear de hits consecutivamente en 21 partidos, y su más grande emoción la vivió en un partido en el Polo Ground con las graderías rebosante de público. Es esa ocasión cruzó el plato con la carrera del empate, y en la novena entrada anotó la carrera decisiva contra los Gigantes.

Cuando regresaba al banco sus compañeros de equipo le estrecharon la mano, le dieron cariñosas palmadas en el hombro y le dijeron, esa es una magnifica actuación. En el curso de una serie de juegos contra Boston, en que los Dodgers lograron mantener su tren de victorias, Dixie Walker, quien era de Alabama como Ben Chapman, le dijo a Robinson: “Jackie tu actuación es tal que quedarás definitivamente incorporado a este club de pelota. En verdad, tú nos estas ayudando, creo que tenemos una buena oportunidad de ganar el banderín.

Walker le dio unos consejos a Robinson muy valiosos sobre la técnica de batear, cuando tu creas que pueda ayudarte, agregó Walker, déjamelo saber. Nadie sin embargo, entre sus compañeros de equipo, ayudó a Jackie más que Stanky. El pequeñín pelotero siempre se mantuvo a su lado, aconsejándolo y animándolo. Cuando iban de viaje, Robinson jugaba cartas de vez en cuando, en el tren, con sus compañeros. Pero casi siempre se mantenía alejado en el coche ferroviario del equipo.

En Cincinati recibía alimentos en su propio cuarto, comía solo, hasta que Dan Bankhead, el lanzador derecho de color, se incorporó al Brooklyn. A las esposas de los jugadores no se les permitía viajar en éstos. Jackie y su esposa Rachel prefirieron siempre las cartas, las comunicaciones a larga distancia.

Afortunadamente para Robinson, Rickey le prohibió toda la participación en banquetes y actos sociales durante la temporada. Eso le permitió pasar las noches en su hogar, con Rachel y Jackie Jr. Los Robinson vivían en un apartamento situado a unos 25 minutos, por tranvía subterráneo, del Ebbets Field. Cada vez que había un juego, las cinco cuadras que medían entre el subterráneo y el parque de pelota se veían atestadas de cazadores de autógrafos.
Una vez obtenido el banderín, los fanáticos consagraron un día, “EL DIA DE JACKIE ROBINSON”, lo colmaron de obsequios, incluyendo un Cadillack. En el curso de la Serie Mundial, Robinson fue víctima del enconado maltrato Yankee, pero se abstuvo a decir ni una sola palabra, puso todo su empeño en su labor y jugó bien.

Por: Edwin Kako Vazquez – Escritor e Historiador de Béisbol.

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